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Felline: Las Jornadas de Milán

Agricola Felline - Puglia. I Cru del primitivo.
Agricola Felline - Puglia

Milán, 26 de marzo de 2026 

  Cuando el vino deja de ser bebida y se convierte en deseo.

 

Milán tiene una manera particular de dejarse seducir: no se entrega de inmediato, pero cuando lo hace, lo hace con estilo. Eso fue exactamente lo que ocurrió durante las Giornate di Milano, donde el Primitivo di Manduria —en todas sus pieles, suelos y encarnaciones— conquistó la ciudad como un amante que sabe esperar el momento justo para acercarse.


  Durante dos noches consecutivas, el Politécnico de Milán se transformó en un escenario donde el vino no se explicaba: se insinuaba. Se dejaba oler. Se dejaba tocar. Y, finalmente, se dejaba beber.

 

Los Cru: cuatro cuerpos, cuatro maneras de encenderse

  La masterclass Los Cru del Primitivo di Manduria, guiada por Gregory Perrucci, no fue una clase: fue un desnudamiento. Cada vino apareció como un personaje con su propio ritmo, su propio temperamento, su propia forma de acercarse al paladar.


  • Dunico (en arena)

  El más cálido. El más denso. El que entra despacio y se queda. Notas de higos secos, fruta confitada, un 16% que no golpea: acaricia. Un vino para beber a solas, como quien se toma un tiempo para sí mismo… o para alguien más.


  • Giravolta (en tierra blanca)

  Más vertical, más fresco, más juguetón. La amarena muerde, despierta, invita. Un vino que no se queda quieto, que gira —como su nombre— alrededor de la lengua.


  • Felline (en tierra roja)

  Mediterráneo, herbáceo, con ese punto salvaje que recuerda a la piel salada después del mar. Un vino que huele a tomillo, a cereza, a fruta roja que se abre bajo el sol.


  • Zinfandel (en tierra negra)

  Oscuro, especiado, casi peligroso. Pimienta, regaliz, un 15% que late fuerte. El vino que entra como una sombra y se queda como un recuerdo.


Cada uno acompañado por pequeños bocados puglieses que parecían diseñados para insinuar: quesos maduros, sabores intensos, texturas que se deshacen y despiertan.


-Edmond Dantès: la burbuja que acaricia

  Entre tanta intensidad, el método clásico Edmond Dantès apareció como un amante elegante: burbuja fina, frescura insinuante, fruta leve. El vino que no invade: se acerca. El que no exige: invita.

Perfecto para abrir la boca, para preparar el cuerpo, para aflojar las palabras.


-Polignano: el rosado que desnuda la luz

  Fresco, floral, tropical. Un rosado que sabe a verano, a piel mojada, a luz que cae sobre los hombros. Un vino que no complica: seduce.


-Impassibile: el dulce que no se deja atrapar

  Un rosado pasito que es pura tentación suave. Fresco, frutal, casi travieso. El vino perfecto para cerrar una noche que no quiere terminar.

 

Ricci Osteria: donde la comida se vuelve confesión

  Felline eligió Ricci Osteria, un lugar que huele a casa, a cocina lenta, a abrazo cálido. Allí, entre periodistas gastronómicos y amantes del vino, ocurrió lo inevitable: el vino abrió puertas que la conversación no tardó en cruzar.


El menú fue una secuencia afrodisíaca:

  • Polpette fritas con menta → el primer mordisco, el primer despertar.

  • Capocollo, parmigiana, burattine, fave e cicorie → la parte cálida, cremosa, vegetal, que se pega al paladar.

  • Orecchiette con tres pomodorini → jugosas, rojas, vibrantes, como un beso inesperado.

  • Cappello del prete al Primitivo → el clímax carnal del menú: carne, reducción, profundidad.

  • Tiramisù → el final dulce que baja la guardia y deja el cuerpo dispuesto a seguir hablando.


Y se habló. De cine, de literatura, de viajes, de música, de cuerpos, de recuerdos, de esos alimentos que desde siempre se consideran afrodisíacos. Porque cuando el vino es bueno y la mesa generosa, el deseo —de saber, de probar, de tocar, de compartir— se vuelve parte natural del menú.

 

Puglia: un territorio que se bebe como un amante

  La comida terminó convertida en un viaje emocional por Puglia: su luz, su sal, su carácter directo, su sensualidad sin artificios. Una Puglia que se vive, se bebe, que no se olvida, que se queda en la boca y en la piel.


Eso es lo que Felline ofrece: vinos que no solo cuentan historias, sino que despiertan algo. Un Spazio Primitivo en Manduria donde quien entra no solo degusta, sino que se abandona un poco, como quien se deja caer en un abrazo cálido después de un día largo.


Milán lo entendió. Hay vinos que se beben… y vinos que se desean.

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